Astier de Villatte: el arte de lo cotidiano, con acento parisino

Astier de Villatte es de esas casas que no “venden objetos”, sino un universo. Nace en París en 1996 de la mano de Benoît Astier de Villatte e Ivan Pericoli, con una forma muy particular de mirar las artes decorativas: inspirarse en lo popular, en lo olvidado, en lo imperfecto que tiene alma, y convertirlo en piezas que se sienten vividas desde el primer día.

Su cerámica —hecha en su taller artesanal en París— tiene esa presencia silenciosa que transforma una mesa o una estantería sin necesidad de imponerse. No es “lujo” en el sentido obvio: es más bien una belleza que se descubre despacio, como un objeto querido que te acompaña años y al que terminas asociando recuerdos.

Pero el encanto de Astier de Villatte va más allá: también mantienen una imprenta tipográfica en los alrededores de París y cultivan ese amor por lo impreso, lo editorial y lo raro que hoy casi ha desaparecido. Y luego está su mundo de aromas: inciensos creados desde una tradición japonesa muy cuidada, que convierten la casa en un lugar con atmósfera.

Y quizá lo más bonito: su reputación se ha construido más por boca-oreja que por grandes campañas, como esas direcciones que se recomiendan entre amigos. Entrar en su universo es sentir que todavía existen marcas que prefieren la personalidad a la prisa, y la poesía al ruido.

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