Hay una forma de entender la arquitectura que empieza mucho antes de dibujar un espacio. En la observación, en el estudio de la luz, en la comprensión de quienes lo habitarán y en la atención a aquello que ya existe. Para Donezar Lara, el trabajo arquitectónico es, ante todo, un proceso reflexivo y de investigación en el que cada decisión responde a una mirada pausada y consciente.
Fundado por Ane e Irene, dos arquitectas bilbaínas que regresaron a su ciudad después de desarrollar parte de su trayectoria profesional en Estados Unidos y Londres, el estudio nace de una afinidad compartida y de una manera común de entender la disciplina. Sus experiencias internacionales han enriquecido una práctica que combina el rigor arquitectónico con la exploración de la materialidad, los procesos artesanales y la libertad creativa.
En sus proyectos, arquitectura, arte y artesanía conviven de manera natural. La atención al detalle, la elección de materiales nobles y la relación entre los objetos y el espacio construyen una forma de habitar que va más allá de lo puramente funcional. Una arquitectura pensada para acompañar la vida cotidiana y convertir la casa en un lugar de refugio, memoria e intimidad.
Hablamos con ellas sobre sus referentes, sus procesos de trabajo y esa sensibilidad compartida que define la identidad de Donezar Lara.
Donezar Lara nace de la unión de dos arquitectas. ¿Cómo os conocisteis y qué hizo que decidierais empezar a trabajar juntas?
Las dos somos de Bilbao y llevábamos muchos años trabajando en el extranjero: Ane en Estados Unidos e Irene en Londres. Nos conocimos al regresar, en un momento profesional y vital muy similar, e inmediatamente descubrimos que compartíamos una visión muy alineada. Decidimos colaborar en un pequeño proyecto y la compenetración fue total.
Además, desde el principio teníamos muy claro el enfoque que queríamos dar al estudio y el tipo de proyectos que nos interesaba desarrollar. Para nosotras es importante poder trabajar al detalle, dedicando tiempo a proyectos meditados y cuidadosamente pensados.
Vuestras trayectorias os han llevado por escenarios profesionales distintos. ¿Qué creéis que aporta cada una a la manera de mirar y trabajar de la otra?
Nuestra experiencia fuera, en Londres y Nueva York, nos ha proporcionado herramientas muy enriquecedoras que hoy forman parte de nuestra manera de trabajar.
Irene trabajó durante muchos años en un estudio en Londres donde los proyectos se concebían desde un profundo estudio de la materialidad y a través de procesos muy artesanales, como la elaboración de maquetas físicas de escayola, hormigón o elementos vegetales. Por su parte, Ane descubrió en Estados Unidos una forma de entender la arquitectura más creativa y libre. Además, su experiencia dando clases en Pratt Institute la puso en contacto con distintas áreas del diseño y le enseñó a combinar referencias procedentes de campos diversos.
Las dos entendemos la arquitectura como la base fundamental de nuestro trabajo, desde la escala mayor de los espacios hasta el diseño del detalle más pequeño. En todos los proyectos nos sentamos juntas a diseñar. Nuestro trabajo es, por tanto, una combinación de las ideas y sensibilidades de ambas, y creemos que el resultado es mucho más rico que el que conseguiríamos trabajando por separado.
Si tuvierais que explicar vuestra forma de entender la arquitectura sin hablar de estilos, materiales o proyectos, ¿cómo la definiríais?
Entendemos la arquitectura como un proceso reflexivo y de investigación. Estudiamos la luz, el contexto, el uso y las visuales de cada espacio. Nuestros proyectos siempre se basan en una estrecha relación entre arquitectura, arte y artesanía.
¿Qué papel tiene la arquitectura en la manera en la que vivimos y habitamos nuestros espacios?
Tiene un papel fundamental. Para nosotras, la arquitectura doméstica, la casa, debe ser ante todo un refugio: un lugar de apego y resguardo. En este sentido, tanto el espacio como los objetos que lo habitan tienen un peso decisivo a la hora de crear ese lugar.
Gaston Bachelard lo sintetiza de forma brillante en La poética del espacio: la casa es uno de los mayores poderes de integración para los pensamientos, los recuerdos y los sueños del ser humano. La arquitectura y el interiorismo deben concebirse, precisamente, como el contenedor que hace posible esa intimidad.
Cuando comenzáis un proyecto, ¿dónde suele estar el punto de partida: en el lugar, en las personas que lo van a habitar, en una necesidad, en una intuición…?
Siempre partimos de las personas que van a habitar el espacio. Nuestra prioridad es entender sus hábitos y cómo la vivienda puede dar respuesta real a su día a día. En paralelo, analizamos el propio espacio: sus proporciones, la luz, sus particularidades y aquellos elementos que merecen tener protagonismo. A partir de ahí, muchas soluciones parecen surgir de una simple intuición, pero en realidad no son casuales. Son el resultado de nuestra experiencia previa, nuestras referencias y nuestro conocimiento, que afloran durante el proceso de proyectar.
¿Qué importancia tienen el contexto y aquello que ya existe a la hora de intervenir en un espacio?
Es fundamental, aunque la solución no siempre tenga que consistir en imitar o continuar ese contexto. Lo imprescindible es analizarlo y comprenderlo antes de tomar cualquier decisión.
¿Hay algo que intentéis cuidar especialmente en todos vuestros proyectos y que quizá no siempre sea visible a primera vista?
Damos mucha importancia a los materiales nobles. No solo por su durabilidad, sino también por su forma de envejecer: la pátina que adquieren, cómo cambian con la luz a diferentes horas del día o las texturas que desarrollan. Son cualidades sutiles que no siempre se aprecian en un primer instante, sino que se descubren al vivir la casa en el día a día.
¿Hay algún proyecto de Donezar Lara que sintáis especialmente representativo de quiénes sois hoy como estudio? ¿Qué os ha enseñado?
Todos los proyectos que realizamos nos representan de alguna manera, algunos quizás de forma más global y otros a través de detalles más pequeños. En nuestro proyecto más reciente en Pamplona, por ejemplo, la intervención arquitectónica fue mínima, pero el mobiliario estaba pensado de la misma forma en que uno piensa en arquitectura. Entendimos cada objeto como una pieza capaz de construir el espacio.
Más allá de la arquitectura, ¿dónde encontráis inspiración? ¿Hay algún lugar, viaje, artista, libro, objeto o forma de hacer las cosas que esté influyendo especialmente en vuestra mirada ahora mismo?
Nos sentimos increíblemente afortunadas de vivir en una ciudad en la que el acceso a la naturaleza es prácticamente directo. Tener la posibilidad de perdernos en la montaña o en la costa nos permite desconectar del ruido, de las referencias y de las presiones externas. Esa posibilidad de trasladarnos a un entorno tan distinto en escala y magnitud nos da, muchas veces, la perspectiva necesaria para entender los proyectos con mayor claridad.
Si pensáis en Donezar Lara dentro de diez años, ¿qué os gustaría que siguiera siendo reconocible en vuestra manera de hacer arquitectura?
Nos gustaría que nuestro trabajo siguiera leyéndose como el resultado de un proceso riguroso y meticuloso, y que nuestros proyectos siguieran teniendo carácter y fuerza.