Madeleine Froment: “Cuando borramos las imperfecciones, olvidamos de dónde vienen las cosas”

Creatives es la serie editorial de Le Guide dedicada a las personas que están detrás de los proyectos, las ideas y las formas de trabajar que nos inspiran. Más allá del resultado, nos interesa descubrir la mirada, la intención y los procesos que dan forma a cada creación.

Su trayectoria comenzó en la comunicación visual y la dirección de arte, pero su interés por los materiales, objetos y oficios artesanales la llevó a construir un universo propio. Hoy, al frente de La Lune, impulsa un proyecto que reúne a diseñadores y artesanos para dar vida a piezas únicas, en las que el saber hacer y la experimentación tienen tanto peso como la forma final.

Su manera de trabajar parte de una convicción: para comprender un objeto, hay que conocer la historia que lo precede. En esta conversación hablamos de la relación entre diseño y artesanía, de la importancia de preservar las huellas de quien crea y de una forma de trabajar que reivindica el tiempo como parte esencial del proceso. También de una nueva etapa para La Lune, en la que la hospitalidad y nuestra relación con los espacios adquieren protagonismo.

Tu trayectoria comenzó en la comunicación visual y la dirección de arte, y te llevó hacia los objetos, la artesanía y la curaduría. ¿Qué ha permanecido constante en tu forma de mirar las cosas?

Varias cosas me han guiado, sobre todo la búsqueda del equilibrio. Creo que fue con el diseño gráfico cuando entrené el ojo para reconocer la armonía. El mundo de la edición es muy exigente: la materia está presente a través del papel y de las distintas técnicas de impresión, y componer una página tiene mil detalles que cuidar. También es esencial guiar el recorrido de la mirada con la forma de colocar los elementos. Todo eso me formó por completo para el trabajo que hago hoy. Mi cariño por cuidar las cosas empezó ahí.

¿En qué momento sentiste que querías ir más allá de trabajar con las imágenes y los proyectos de otros para empezar a crear tus propias piezas?

Bastante pronto nos llegó el deseo de confiar nuestras ideas y nuestras formas a personas que tenían un saber hacer que nos atraía. Empezamos vendiendo muebles de diseño o vintage, y nuestra cultura se fue construyendo manejando objetos brillantes. Un día fui a dejar una pieza para repararla a un pequeño taller del Jura y estuve hablando con un hombre que había trabajado en piezas que hoy se buscan muchísimo. Pensé que mantener vivos esos oficios a través de creaciones actuales era, a la vez, bonito, necesario y emocionante.

Cuando empiezas a trabajar en una nueva pieza, ¿qué aparece primero: una forma, un material, una textura o la historia de la persona con la que vas a trabajar?

Empezamos cada proyecto desde el mundo de la persona a la que nos acercamos. Cómo trabaja, el material con el que trabaja, su entorno: eso es lo que nos inspira y nos hace querer que nos cuenten una historia. Por eso cada objeto se concibe como una historia, con todo lo que tiene de única y de compleja. Siempre desde ahí desarrollamos el diseño. Luego ponemos sobre la mesa nuestras ideas y la forma en que nuestra mirada se posa en lo que vemos, y así las cosas se van tejiendo, como una respuesta.

Hace poco leí una frase preciosa de Octavia Butler: “Todo lo que tocas, lo cambias. Todo lo que cambias, te cambia. La única verdad duradera es el cambio”. Resume bastante bien el proceso de las ediciones de La Lune.

La Lune reúne a diseñadores y artesanos en un mismo proceso creativo. ¿Qué sucede en ese intercambio que difícilmente ocurriría si el diseñador trabajara de manera independiente?

Nuestra forma de trabajar probablemente va a contracorriente de la historia del diseño: volvemos a empezar desde el material. Es el material el que guía los proyectos, y el dibujo viene después. A veces intentamos que la expresividad de una práctica encuentre una forma útil, y eso no es nada propio de un diseñador.

Creo que en estos intercambios, de repente, la diferencia entre arte y artesanía deja de tener sentido. Disolvemos las dos ideas en un proyecto que solo tiene sentido si esa frontera desaparece. Y es muy interesante, porque nos permite defender un discurso, una manera de hacer, y de ahí nacen, inevitablemente, objetos diferentes.

En tu universo, la imperfección no es algo que deba corregirse, sino una parte del valor de cada pieza. ¿Qué nos aportan los objetos que conservan las huellas de quien los ha hecho?

En este mundo y en esta sociedad es muy importante hacer visible que todo está unido y conectado, que dependemos unos de otros. Cuando borramos las huellas y las imperfecciones, olvidamos de dónde vienen las cosas y quién las hizo. Necesitamos volver a ocupar nuestro lugar en esas historias, volver a tejer lazos, y esos bordes ásperos son valiosos para conseguirlo.

Esta civilización ha levantado fronteras entre todo y todos, y eso quita la idea de responsabilidad: como queda detrás de la barrera, parece que no nos concierne, pero el estado actual del mundo demuestra lo contrario.

Tu forma de trabajar parece alejada de la urgencia: piezas únicas, procesos artesanales, colaboraciones y una galería nómada. ¿Qué lugar ocupa el tiempo en la manera en que construyes La Lune?

Es muy difícil remar contra corriente. El mundo va deprisa, cada vez más, y recuperar el tiempo es una forma de resistencia, aunque no siempre sea fácil: muchas veces nos perdemos en esas exigencias. Aun así, encontramos mucha resonancia, y este mensaje le hace bien a la gente, así que hay que seguir difundiéndolo.

En la artesanía el tiempo no se puede comprimir, así que tenemos que ajustar y reajustar constantemente nuestra manera de verlo y nuestras frustraciones. Eso nos hace más humildes.

Mirando hacia delante, ¿qué te gustaría seguir explorando?

El gran proyecto de los próximos meses será la hospitalidad. Entramos en una nueva etapa y nos gustaría investigar cómo vivir juntos, recibir, acoger. Eso se materializa en la relación que tenemos con los espacios. Hasta ahora nos hemos instalado en espacios que ya existían. Esta vez los vamos a moldear a nuestra imagen, entretejiendo el universo de los artistas y artesanos que forman el mundo de La Lune. Esta idea del espacio y de nuestra relación con el cuerpo me fascina.

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